jueves, 23 de febrero de 2006

Finalidad

¿De que sirven los besos que se mandan al cielo? ¿De qué sirve mi vida ahora? Veo la nieve caer, tan despacio y en silencio y me pregunto donde puede ir todo el amor que siento y que no puedo regalar. Se lo puedo regalar a Patricia, perdida en un oceano de tiempo, luz y espacio. Siempre con la duda de si llega o no.

Nunca creí en otras vidas. Pensaba que uno se iba y eso era todo. Y ahora tengo la obligación sentimental de dudar. Tengo un deseo que me arde dentro de que ella esté a salvo, feliz y suave, en alguna parte a la que yo no puedo llegar, al menos hoy por hoy. Y una ligera y quizá vana esperanza de que cada lágrima que derramo día a día (y son muchas!!) le llegue a ella como un soplo de viento templado.

Y mientras, aquí tan solo, pequeño y triste, me pregunto de que sirve todo esto. Mi dolor y tristeza de estos días no fluye solo del hecho de que mi mujer muriese en mis brazos hace ya 14 meses. Mi dolor y mi tristeza forman parte de la incertidumbre que nos acosa desde hace mil años a todos: ¿de qué sirve esto? ¿Por qué yo merezco vivir si ella no vive? ¿Me queda algo por hacer o ya he completado mi ciclo?

No encuentro mi alegría de vivir. Dicen que la vida es bella. Yo mas bien creo que la vida puede ser bella en un momento dado. Y mi momento ya pasó. Ha habido mucha alegría, amor y ternura en mi vida, fuí un ser afortunado, creo. Pero todo eso ya pasó y quedó lejos en el pasado azul.

Ahora soy solo sombra, sombra, sombra. Mi cabeza gira alrededor de mi dolor y de la posibilidad de una estrella lejana que brilla por mi. Y mientras tanto, vago por el mundo intentando encontrar un sentido a levantarse cada mañana de la cama y seguir vivo.

¿Sigo aun vivo? ¿Existo? ¿O la parte esencial de Jesús se evaporó con Patricia un 17 de diciembre de 2004? Quizá no estoy haciendo mas que desvanecerme poco a poco...en lugar de apagarme de una sola vez. Cuestión de opciones.

suena: Richmond Fontaine - Black Road

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