jueves, 30 de octubre de 2008

Bob Dylan

Se ha escrito tanto sobre Bob Dylan que me siento absolutamente incapaz de decir algo nuevo. Por consiguiente, me voy a abstener de intentarlo. Hace ya dos o tres semanas que vivo, respiro, escucho y leo Bob Dylan. Tengo una enfermedad curiosa con este hombre, pueden pasar seis o siete meses sin que piense en él ni escuche ningún disco...y de repente, me entra el modo Dylan y desempolvo vinilos, CDs, libros y mp3s y no puedo para de escucharlo durante semanas.
Ahora estoy en medio de uno de esos periodos. Y no puedo tener suficiente.


(Un alucinado Harry Dean Stanton nos lleva de viaje persiguiendo
a Bob por las carreteras de América en el single Dreaming Of You)

El caso es que no solo me gusta el Dylan emocionante, emocionado, alucinado y visionario de mediados de los años 60, sublimes como fueron. Ni aquel héroe cuasiromántico de los 70, paseando como un equilibrista entre el pop, el gospel y el rock, que va: cada vez me interesa mas el hombre viejo, misterioso, etereo y arrugado que emergió desde su renacimiento artístico con Oh Mercy de la mano de Daniel Lanois. Así que su último lanzamiento, The Bootleg Series Vol. 8 es un festín para mis sentidos: cabalgar por sus canciones es como saborear por un instante lo que se siente al ser viejo, sabio y experimentado.


(El león no duerme, Dylan en 2008 versionando su himno
antibélico de los años 60, Masters Of Wars y sonando como nunca)


Y hablamos de un viaje placentero. Habitualmente Dylan nos exige dolor y esfuerzo para meternos en sus albumes (Modern Times era sintomático en ese sentido, un disco que se empezaba a apreciar en su magia después de al menos 10 escuchas concetradas), pero en esta ocasión, quizá por la característica de descarte de muchos de sus temas el viaje es mas sencillo, por mas que no pierda ni una parte del interés.

(En directo en 2008, Ain't Talkin' muestra los poderes de una banda
y un interprete en estado de gracia. Un paseo por la luz y las tinieblas)


Bob, el pérfido domador de canciones no solo está a la altura de su leyenda. Escuchando todas estas canciones uno se pregunta qué hará cuando el viejo trovador ya no esté aquí. Hay mucha mas verdad y magia en esta colección de canciones que en las discografías de miles de grupos.

Ya no es rock, ya no es pop, ya no es soul, ya no es música.
Es simplemente, como alguien dijo, la materia de la que están hechos los sueños.

suena: Bob Dylan - Highlands

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