martes, 25 de julio de 2006

Treinta

Hace ya 30 largos años, una estrella descendió sobre nuestro planeta. Llena de luz, de promesas, de brillo. Llena de sueños y de vida.

La estrella vivió entre nosotros, encarnada, durante muchos años. Aprendió a compartir su luz con otras estrellas y dedicó su resplandor a conseguir que el firmamento fuese mas hermoso. Fue el ideal de belleza, porque supo entender que su luz solo sería blanca y especial si se combinaba en mil colores con la luz de otras estrellas. De esta manera, aparentemente tan sencilla, pero en realidad tan complicada, la estrellita de la que hablo consiguió un fulgor mayor y mas intenso que ningun otro astro del cielo que yo haya podido ver nunca. Quizá lo mejor que os puedo contar sobre este cuerpo celestial es que encontró a su propio agujero negro y lo transformó en una bola de luz y amor. Enseñó a un extraño lo sencillo que es relucir, sin aspavientos ni grandes gestos. Solo siendo una pequeña estrella en medio de un enorme cielo.

Hace ya unos largos 19 meses la luz de esa estrella se apagó de repente. En algun sitio, leí que los astros que brillan mas intesamente se apagan mucho mas rápido. Y la estrella de la que hablo refulgió con asombrosa intensidad durante mas de 28 años.

Esta noche solo quiero meterme en mi cama y llorar por aquella hermosa luz en el cielo que un día, sin previo aviso se apagó y nos dejó a todos a oscuras. Esta noche, en medio de la negrura que queda tras nuestros párpados cuando hemos estado mirando directamente el resplandor del Sol, querría derramar mis lágrimas por todo lo que una vez tuve y perdí.

Pero en tu memoria, preciosa estrella, te prometo que voy a vivirlo por ti y si quiero llorar, derramaré lágrimas de felicidad por haber podido mirarte desde mi pequeño mundo...y brindaré por tus rayos que aun brillan en el tiempo mucho después de que tu te fueses. Tu luz se queda con nosotros. Esta noche el cielo deberia estar muy vacío...pero al levantar la mirada, solo con un pequeño esfuerzo, me lo he encontrado lleno de tu calor.

Feliz cumpleaños, cielo. Nunca te olvidaré. Te llevo dentro de mi, en mis ojos y mi corazón.

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